Día 31: El amor y el matrimonio

El diseño específico de <un hombre + una mujer = 1> fue establecido en la creación (Génesis 2:24), verificado por Jesús (Marcos 10:6-9) y clarificado por el apóstol Pablo (Efesios 5:31). Pero para funcionar bien, requiere una separación y un tejido de unión.

El matrimonio cambia todo. Y las parejas que no toman en serio este mensaje de <dejar> y <unirse> cosecharán las consecuencias más adelante, cuando les sea mucho más difícil reparar los problemas sin herir a alguien.

<Dejar> significa que rompes un vínculo natural. Tus padres pasan a cumplir la función de consejeros a quienes hay que respetar, pero ya no son una autoridad que puede decirte qué hacer.

Sin embargo, a muchos recién casados les cuesta dejar atrás a sus padres. O quizás, los padres no se sientan preparados para soltar a su hijo de su control y sus expectativas. En estos casos, el hijo adulto debe tomar por su cuenta la valiente decisión de <dejar>. Y demasiadas veces, esta separación no se hace bien.

Por supuesto, el propósito de <dejar> no es abandonar todo contacto con el pasado, sino establecer y preservar la unidad única para la cual está diseñado el matrimonio. Si estás demasiado unido a tus padres, si ellos o tus suegros pueden estipular cómo son las cosas, la identidad independiente de tu matrimonio que Dios desea no podrá florecer.

Con amor, debes expresarles a tus padres que, aunque agradeces sus consejos y sus oraciones, tienen que darles a ti y a tu cónyuge espacio para tomar sus propias decisiones. Aun si reaccionan con sorpresa o parecen heridos, es un paso necesario para avanzar como pareja.

A veces, los vínculos enfermizos que mantienen los padres con sus hijos reflejan cuestiones sin resolver. Papá puede sentir que todavía le deben una disculpa o que no se ha perdonado una ofensa. Mamá puede temer que su hijo adulto no sobrevivirá sin ella. Quizás los dos sientan inseguridad al ajustarse al nido vacío. Tal vez sencillamente anhelen que les agradezcas por todo lo que han hecho o necesiten que les reafirmes tu amor.

Debes saber que cuestiones como estas no acabarán a menos que hagas algo al respecto. Tu mayor lealtad debe pasar desde tus padres a tu cónyuge. También tienes que dejar atrás viejas llamas y amigos, y concentrarte en tu pareja. Todos los demás pasan a un segundo plano y toman la distancia emocional adecuada como para dejarle lugar a la unión para que florezca.

<Unirse> lleva la idea de buscar y atrapar a alguien, y aferrarse a esa persona como tu nueva ayuda o apoyo. Esta unión debería formar una unidad que beneficie todo lo que hagas. Sin embargo, muchas veces las parejas (incluso las parejas cristianas) piensan que saben más que Dios e ignoran el propósito divino para su unión o los roles que Él diseñó. Poner en práctica Génesis 2:24 parece demasiado extraño o difícil. Así que se conforman con una manera de pensar mundana y descuidan este <dejar> y <unirse> que Dios diseñó. Están dispuestos a sacrificar la unidad y la fortaleza de la relación más importante de sus vidas para complacer a otros que no forman parte de este vínculo.

Por supuesto, es sumamente difícil cuando la búsqueda de la unidad es principalmente unilateral. Quizás, en este momento, a tu cónyuge no le interese recapturar la unidad y el propósito que Dios imprimió en el ADN del matrimonio.

No obstante, si oras y eres leal a tu cónyuge por sobre todo lo demás, protegiendo la unidad entre ambos como un tesoro invalorable, el matrimonio comenzará a disfrutar de la majestuosa unión que Dios dispuso. Así que deja. Únete. Y atrévete a caminar en unidad.

El desafío de hoy: ¿Todavía hay alguna área, con tus padres u otra persona, en la que no hayas sido lo suficientemente valiente como para <dejar>? Confiésala a tu cónyuge y decide solucionarla. La unidad de tu matrimonio depende de eso. Luego, comprométete con tu cónyuge y con Dios a transformar tu matrimonio en la prioridad sobre toda otra relación humana.

(extraído del libro Desafío del Amor, Kendrick)

 

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